
Testimonio de la Formación en Técnicas y Herramientas de Psicoterapia Integral según el Método Yachayni de Atawallpa Oviedo Freire.
Por Diana Contreras Martínez
Decidí emprender un viaje hacia mi interior, impulsada por el deseo de alcanzar un mayor bienestar emocional. Comencé a transformar mis pensamientos, a ampliar mi perspectiva del mundo y a abrirme a nuevas maneras de ser y sentir en mi vida. Al asumir conscientemente mi lugar dentro de mi sistema familiar , fui reordenando mi mundo interno, lo que me permitió cambiar la forma en que conduzco mi vida y acceder a nuevas posibilidades de experimentarme. Con valentía, me adentré en este proceso de transformación, acompañada por un ser medicina quien me guía y mentorea en esta gran maestría que es la vida. Él es el abuelo de tradición andina, Atawallpa Oviedo Freire y junto a él transito mi formación en técnicas y métodos de psicoterapia integral.
Síntoma vs Causa
Tomar mi lugar dentro del sistema familiar significó honrar el orden jerárquico de todo mi árbol genealógico. Fue un proceso de abrirme a recibir la energía de papá y de mamá, reconciliarme con la vida y también con la muerte. Implicó mirar de frente a mis compañeros sexuales, reconociendo en ellos mi energía masculina; dar espacio a lo indecible, como el abuso sexual, y canalizar a mi Yo Superior a través de mis dos energías sagradas: la femenina y la masculina.
Fui ajustando mi equilibrio interno, comprendiendo que vivir es como caminar sobre una cuerda floja, en un movimiento constante. Pedí permiso a mi clan —especialmente a las mujeres— para permitir florecer mi energía femenina, en resonancia con el dar y recibir. Todo esto, con el anhelo de hacer las cosas de forma diferente, de ser vista con nuevos ojos, con ojos de amor.
Y así, en un acto profundo de consciencia, me abrí a reconocer los patrones familiares, no desde el juicio ni la venganza, sino desde la aceptación. Aceptarlos tal como son, con todo lo que traen, fue el paso necesario para poder transformarme. “Juzgar requiere que te creas superior a quien juzgas” (Young, 2007, p. 120).
Reflexionar sobre las heridas de mi infancia desde la adulta que soy hoy, me ha permitido diferenciar con claridad entre el síntoma y la causa. Mis síntomas se manifestaban como complicaciones, obstáculos, malestares, bloqueos, miedos, culpas y vergüenzas, todos reflejos de eventos no resueltos de mi niñez, vivencias dolorosas que, aunque ocultas, seguían activas. Durante mucho tiempo, me concentré solo en tratar el síntoma.
Al apropiarme de mi consciencia corporal donde fui mi propia representación, pude posicionarme primero en el ‘yo’: una víctima dolida, herida, vista desde mi propia perspectiva. Luego, me situé en la segunda posición: en el lugar del ‘otro’, quien me causó dolor, a quien encontraba repulsivo, a quien quería castigar o incluso destruir. Sin embargo, comprendí que estas dos perspectivas no eran suficientes. Ambas carecían de imparcialidad, atrapadas entre mis deseos y mis motivaciones.
Fue en el momento en que entré en una tercera posición —la del testigo neutral— que todo cambió. Desde ese lugar de observación desapegada, sin tomar partido por el “yo” ni por “el otro”, pude abrirme a un entendimiento más profundo. Esta nueva perspectiva, aplicada en psicoterapia integral con el método del Dr. Atawallpa Oviedo Freire, me llevó a encontrar mi propia empatía, a cultivar compasión por mí misma y, sobre todo, a descubrir la raíz. A la verdadera causa.
Conclusión de síntoma y causa
Ejemplos de síntomas pueden ser: sentir que la vida no tiene sentido, repetir patrones familiares, vivir desde lealtades inconscientes, experimentar dificultad en las relaciones personales o laborales, cargar con duelos inconclusos, atravesar escasez económica, vivir hechos violentos, entre otros.
En cuanto a las causas, suelen estar ancladas en conflictos no resueltos dentro de la historia familiar: secretos guardados, hechos que no se nombran ni se miran. No hablar del violador en la familia, del golpeador, del aborto —sea forzado, voluntario o espontáneo—, del asesino, del psicópata…Todo aquello que alguien antes de mí no pudo o no quiso ver. Estos factores raíz, muchas veces silenciados durante generaciones (hasta siete o más), permanecen latentes en la energía del sistema familiar, impresos incluso en el ADN, hasta que alguien —en algún punto del linaje— se atreve a verlos, nombrarlos y darles un lugar para que puedan ser integrados y transformados.
Mis etapas
Estas palabras nacen desde mi post-psicoterapia integral, en un espacio de mayor armonía e integración. Sin embargo, durante el proceso, atravesé resistencias internas, crisis curativas y síntomas físicos: un cansancio profundo, prolongados sueños, piquetes sutiles en la cabeza, dolor intenso, y un llanto que brotaba desde lo más profundo de mi ser.
Esta primera etapa de mi camino se complementará por las nuevas fases dentro de mi formación. La filosofía que sostiene este recorrido tiene como pilar inicial mi propia sanación: sostenerla, profundizarla y hacerla parte de mí. Desde ahí, quiero afianzarme y comenzar a edificar mi particular manera de construir mi propia metodología de acompañamiento psicoterapéutico, una que nazca no solo desde la teoría, sino desde la experiencia vivida en carne, emoción y alma.
Hoy existen muchas formas de aplicar las distintas corrientes filosóficas y cosmovisiones, pues cada facilitador entrega su medicina única. Y en este punto del camino, llega a mi memoria el eco de las palabras de la nativa Colla Doris Riveros, que nos dijo:
«La sabiduría ancestral es una sola sabiduría, un solo principio, una matriz. Es universal. Las constelaciones familiares vienen también de los pueblos originarios, pues ellos conocen su árbol genealógico, su linaje, su historia y lo que sus ancestros hicieron.»
Inspirada por estas palabras y sostenida por Él Gran Misterio, aspiro a entregar esta medicina —la de los abuelos— con el mismo respeto y profundidad. Desde la comprensión impecable de la sabiduría Tolteca, quiero compartirla desde la coherencia entre mis palabras, pensamientos y acciones.
Y es que, en la sabiduría Tolteca, ‘impecable’ no significa ser perfecta ni estar libre de error. Significa simplemente dar lo mejor de mí, con integridad, hasta este momento.
Bibliografía
Young, W. P. (2007). La cabaña (1.ª ed., trad. S. del Amo). Ediciones Urano.
http://www.wakantankamu.com/
